LA ULTIMA CENA

Es proverbial la lentitud con que realizaba sus pinturas el genial Leonardo. Sólo en La Última Cena invirtió diez años, permaneciendo ocupado en ella desde 1488 a 1498. Este fresco, pintado en el refectorio del Convento de Santa María delle Grazie de Milán, es sin duda una de las obras capitales de todo el Renacimiento. Se trata de una pintura monumental, situada sobre el muro que preside el refectorio de los monjes.
Leonardo plantea una escena inserta en una estancia fingida, que se desarrolla como una continuidad de la estancia real que la contiene. Situada a la altura del ojo del espectador, el espacio se representa mediante la utilización de la geometría y los puntos de fuga. Las figuras se disponen en grupos de tres, a un lado y otro de la mesa, conversando y gesticulando en torno a una figura central, Jesucristo, que, con los brazos abiertos, da la sensación de que calla. Se capta el anuncio de la traición y la institucionalización de la Eucaristía.
Deteriorada desde muy pronto por problemas de secado de la pintura, el fresco fue sometido ulteriormente a una devastadora incuria: una puerta fue abierta para que las viandas llegaran con más celeridad desde la cocina al refectorio, destruyendo de ese modo la parte inferior de la representación, y un bombardeo dañó el edificio durante la Segunda Guerra Mundial, arruinando en gran medida esta incomparable obra maestra.
MISTERIOS DE LA ULTIMA CENA
Primero, La Última Cena fue a todo dar, por el ambiente de primera, por los ocho gobelinos que adornan las paredes, que en un principio me llevaron a pensar que eran puertas, pero no. El techo raso, de lujo como en un palacio.
Segundo, no hay copas, sino vasos similares en figura a aquellos de plástico, usados por nosotros en fiestas masivas, impersonales. Jesús tampoco tiene cáliz, ni aparece el recipiente o jarra con el vino. El pan está cortado en rodajas y puestas ordenadamente en paneras, a como las presentan los italianos en las populares tratorías.

Tercero la persona que esta a la izquiera de Jesus se ve muy femenina para ser Juan o por lo menos eso es lo que nos dice Brown es su novela. Pero juzguen ustedes...

Mas el mayor descubrimiento es un terrible brazo con una mano que empuña un gran cuchillo y sobresale en la parte baja, entre el tercer y cuarto apóstol a la derecha de Jesús. No es de Juan o María Magdalena, por la distancia. Ni de otro, si revisan sus manos. Tampoco para partir el pan, pues éste está cortado. ¿Qué es? No aclaran. Parece, nadie sabe qué quiso decirnos don Leonardo.